El sistema límbico tiene un importante papel a la hora de analizar los estados de ánimo de una persona. Conocido comúnmente como cerebro emocional, hoy les platicaré un poco más sobre él y su función.

Se trata de un conjunto de estructuras del encéfalo que están conectadas entre sí, su principal función tiene que ver con los instintos y la aparición de estados emocionales. Es aquí donde las emociones  tienen su base neurológica. Sin embargo, es cierto que los procesos límbicos impactan en áreas como la memorización y el aprendizaje.

De acuerdo al filósofo inglés, Jeremy Bentham, el sistema límbico es el que determina qué sí y qué no merece ser aprendido de acuerdo de las sensaciones placenteras o dolorosas. En este sentido, él propuso una escala del dolor al placer para determinar lo útil de cada situación.

En conclusión y luego de más estudios al respecto, sabemos que del sistema límbico depende el valor positivo o negativo de nuestras experiencias, por lo tanto, su influencia en nuestra personalidad es relevante.

Ahora bien, cabe recordar que el sistema límbico no constituye una región anatómica dentro del encéfalo, si no que se compone de una red de neuronas distribuidas por el cerebro. Tiene que ver más con su función en el cerebro que con su ubicación anatómica. Empero, existen ciertas zonas en las que el sistema actúa de forma más específica.

Una de ellas es el hipotálamo y es aquí donde la regulación de las emociones es mayor, debido a su proximidad a la glándula pituitaria, el sistema endocrino y a la parte del cuerpo que libera todo tipo de hormonas.

El hipocampo: Éste comprende la parte de la memoria sobre experiencias e información abstracta, así como la recuperación de recuerdos. Se ubica dentro del lóbulo límbico, una de las partes de la corteza cerebral más primitivas.

La amígdala, por su parte, tiene que ver con la respuesta emocional aprendida y que se activa en circunstancias particulares, es decir, es una de las partes involucradas con el aprendizaje emocional. Se sitúan al lado de cada hipocampo, por lo tanto hay una en cada hemisferio del cerebro.

La corteza orbifrontal es el cauce de las órdenes emocionales hacia otras zonas del lóbulo frontal encargadas de la planificación y creación de estrategias, por lo que es de suma importancia  a la hora de controlar los impulsos irracionales, ya que actúa como una especie de filtro, dejando pasar las señales que sirvan para definir objetivos de nuestras acciones.

Bajo estas premisas, podemos resumir que el sistema límbico conforma una parte esencial a la hora de entender de dónde surge nuestra respuesta emocional, pero también para dimensionar la parte que nos hace pensar como seres racionales. Si bien, no hay una división clara que separe la irracionalidad de la racionalidad, es necesario considerar que a nivel cerebral los procesos neuronales tienen una razón de ser y se encuentran interconectados, es decir, no son totalmente autónomos, de ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender.

Recuerden, ¡El cuerpo no miente!

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