Cuando hablamos de comunicación no verbal, debemos saber que está presente en muchos ámbitos, uno de ellos, es la política.

¿Qué necesita un buen político para comunicar con éxito? Recordemos que un personaje público es la voz y rostro del partido y de él depende, en muchas ocasiones, el mantenimiento, incremento o fracaso de la imagen del instituto que representa, incluso, puede tener más arraigo como la persona que el partido.

El sentido de pertenencia a un partido continúa vigente, la llegada de la televisión representó un importante cambio en las campañas políticas. Las reglas del juego han impulsado que el candidato o líder sea más activo y visible ante todos los escenarios posibles, porque  las campañas ya no se limitan sólo a la contienda electoral en tierra. Por ello, el posicionamiento está a prueba en cada aparición pública de un líder político.

Sin desestimar lo que un buen slogan o programa de gobierno puede abonar a la lucha electoral, no cabe duda de que lo visual ha ido ganando terreno y  ha logrado una clara preponderancia en el contexto de la era digital. El candidato ahora tiene que seducir a través de la imagen, ser un buen comunicador. La experiencia política o las ideas no son suficientes para convencer al electorado para votar a favor de sus propuestas.

El hito que marcó esta inclinación a la imagen fue el debate a la presidencia de EU, televisado por primera vez en la historia. Quienes vieron el debate dieron por ganador a John F. Kennedy y no sólo por su discurso, sino por su buen manejo de la comunicación no verbal  e imagen a la hora de transmitir sus mensajes. Kennedy se ocupó de verse bien, en escoger el traje, verse atractivo y preparar sus respuestas. Richard Nixon, en traje gris y visiblemente afectado por su reciente operación, sólo logró convencer a quienes siguieron de cerca este ejercicio político por radio.  

La clave de una adecuada comunicación verbal es transmitir congruencia, credibilidad y empatía, aspectos que estimulan las emociones positivas en los espectadores y como lo hemos documentado en este espacio, las emociones predominan en la toma de decisiones. El terreno electoral no es ni será una excepción.

Además de la política, el marketing en general está en permanente búsqueda de conectar  con los consumidores a través de experiencias emotivas más que el producto en sí mismo. ¿Bienestar, felicidad, tranquilidad?  Son algunas de las sensaciones que más buscan los usuarios.

Del mismo modo en política, la estrategia se debe construir para apelar al espectro emocional del votante, por ello ser más certero y totalmente apoyado en una adecuado manejo de la comunicación no verbal porque ¿Qué imagen refleja un político que sólo lee papeles, permanece siempre rígido, no sonríe, mantiene una postura de soberbia o mirada de desdén al momento que intenta a transmitirte cercanía y empatía? ¿Votarías por él?

Insisto, la comunicación no verbal debe ser coherente con el mensaje. Una actitud enérgica, seria y solemne funciona cuando el mensaje intenta transmitir seguridad en los espectadores, por ejemplo, combatir la delincuencia o defender los derechos humanos.

Como en toda estrategia, hay que tener claro el punto de partida. Conocer al candidato es indispensable, hay que tener presente sus debilidades y fortalezas pero también el mensaje que va a transmitir. Si nos atenemos a nuestra máxima de coherencia, no sólo tendremos a un político más preparado y competitivo, si no a un potencial líder y comunicador auténtico.

Recuerden El Cuerpo No Miente.

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