¿Cómo se determina la veracidad de la información que diariamente encontramos en internet? ¿Quién tiene la última palabra?

El concepto de "Post Verdad", fue usado en 1992 en ensayos escritos sobre casos como watergate y la Guerra del Golfo, por el dramaturgo serbio- estadounidense Esteve Tesich. Es en 2010, cuando se populariza y logra convertirse en un neologismo. De acuerdo con su definición en el diccionario, se entiende como "Post Verdad" aquella “circunstancia donde los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública, que en los llamamientos a la emoción y creencia personal”.

En 2016, el término de fue catalogado como la palabra del año en 2016 por el diccionario de Oxford. Lo que se conoce como nuevo periodismo comienza a impregnarse de este nuevo concepto para informar.

Ante el universo de información que circula hoy en día y en el que las redes sociales juegan un papel predominante, la competencia por sacar la mejor nota o la primicia es constante. La veracidad  o falsedad de una noticia queda en segundo plano cuando el factor emoción se convierte en el principal móvil de la réplica de información.

Por ejemplo, noticias como las muertes de artistas famosos o figuras públicas conocidas por todos aumentan rápidamente el flujo de información. En plataformas como Twitter podemos ver esta influencia en los trending topics y cómo se construyen conversaciones en torno a ciertos temas. No sólo eso, en campañas electorales vimos que los memes, videos y contenidos que motivan a la indignación y la ira, fueron los más compartidos.

Ante la facilidad de publicar información sin verificar y la rapidez con la que una noticia puede volverse asunto de discusión nacional o internacional, mientras el sentido crítico va perdiendo cada vez más terreno frente a lo inmediato. Los estímulos que recibimos de noticias como la muerte, la corrupción, la inmigración o el terrorismo nos hacen susceptibles a emociones como el miedo, asombro o indignación. En este sentido, las creencias y emociones son más determinantes que los hechos y los datos.

Anteriormente el terreno más fértil eran el entretenimiento y el negocio. Sin embargo, la política también forma parte de este círculo vicioso. Basta recordar la campaña de Donald Trump a la presidencia o el debate en torno al Brexit, ¿cuántos dichos sin fundamento fueron usados para apelar a emociones como miedo u odio para ganar adeptos?

Hoy en día, se asume en vez de cuestionar. La credibilidad gira en torno a lo que cada individuo usa para justificar su propio punto de vista, como Trump y su persistente referencia a las “fake news”.

Si bien, no todo es "Post Verdad", la preponderancia de las emociones a la hora de asimilar o creer en la información que diariamente se nos presenta es importante para explicar y entender por qué la gente se inclina por una “verdad” dicha a modo sobre lo que los  hechos objetivos demuestran.

Recuerden el Cuerpo No Miente.

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