No hace mucho leía un artículo de Kishore Mahbubai, decano de la Lee Kuan Yew School of Public Policy de la National University of Singapore y Klaus Schwab, Fundador y Presidente Ejecutivo del World Economic Forum en el cual exponían sus puntos de vista sobre cuáles debían ser las cualidades de un líder.

En el espacio de El Cuerpo No Miente, les he comentado sobre cómo la comunicación no verbal influye en la percepción que el mundo concibe de cada uno de nosotros, cómo podemos vernos más seguros, atentos, receptivos y poderosos frente a grupos reducidos o grandes audiencias. Del mismo modo, cómo la estrategia de comunicación política tiene que tender a utilizar y aprovechar cada canal de información para posicionamiento, entre muchos temas relevantes.

Sin embargo, lo que estos dos especialistas resaltan en este artículo, sin duda, también tiene mucho que ver en la construcción de liderazgos fuertes en las principales naciones e instituciones a nivel mundial.  

Kishore y Klaus intentaron definir las cualidades que hacen a un gran líder.

Corazón. Ambos coinciden en que un líder no puede lograr grandeza sin mostrar profunda empatía con su pueblo. Desde Nelson Mandela a Mahatma Gandhi este sentimiento alimentó la lucha contra las injusticias que enfrentaron. Hoy en día, sostienen, en que atravesamos una inequidad sin precedentes es cuando pueden emerger grandes líderes con la capacidad de transmitir compasión. Justin Trudeau, por ejemplo, líder joven que irradia esperanza hoy en día, fue electo en parte por su compromiso por ayudar a la gente común.

Cerebro. La habilidad para buscar respustas en el mar de información en el que estamos inmersos a fin de que se tomen decisiones inteligentes en un mundo tan complejo y cambiante. Las economías más robustas aprovechan y comprenden los desafíos tecnológicos como sociales de la industria para el desarrollo de nuevas empresas que sitúen a sus economías hacia el progreso científico y tecnológico.

Coraje o valor. Confrontar una gran presión de parte de la sociedad o incluso de otras naciones requiere de mucho coraje y asumir una postura firme. Los líderes débiles se agachan bajo la presión, alinean su retórica o se dejan intimidar por sus más fieros detractores. Angela Merkel, es un poderoso ejemplo. Al aceptar un millon de refugiados, provocó cierto rechazo entre el electorado y gente de su propio partido, sin embargo, su coraje dejó frutos y hoy es reconocia como una de las líderes más fuertes de nuestro tiempo.

Músculo. Transformar el coraje en un cambio positivo requiere músculo, es decir, la influencia y autoridad para tomar acción, lo cual necesita un entendimiento astuto de la realidad politica. El Papa Francisco ha exhibido coraje y sabiduría en abrazar una estructura menos centralizada al abrazar una visionaria e inclusiva Iglesia que sea el “hogar de todos”.

Alma. Muchos líderes sucumben, en un punto u otro, a las comodidades del poder, sin embargo, el Papa Francisco continúa una vida sencilla y modesta sin las ventajas que freceuntemente se asocian al liderazgo, incluso, en la religión.

En un mundo como el que vivimos, la búsqueda de este tipo de líderes que puedan proteger y servir a los intereses de la gente que supuestamente representan, no debe caer en saco roto. Representa una aspiración legítima y que contibuye no sólo a generar confianza entre ciudadanos o sociedad en general, si no a reconocer que el liderazgo también requiere de mayores caulidades que el de sólo acceder al poder.

Recuerden El Cuerpo No Miente.

 

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