“Es más probable que la gente apoye ideales conservadores cuando están enojados”. Es la conclusión a la que llega un nuevo estudio realizado desde el campo de la psicología y que refuerza la teoría de que, como hemos dicho en este espacio, las emociones juegan un papel relevante en la toma de decisiones, no sólo cotidianas sino en el campo político. 

Keri L. Kettle asistente de profesor en la Universidad de Manitoba comenta que su investigación partió de una simple curiosidad: “Como canadiense viviendo en EU, me fascinó el nivel de ira exhibida tanto antes como después de la elección. Eso no pasa en Canadá, el cual es un país más liberal, lo cual me hizo preguntarme si el enojo está relacionado con el nivel de conservadurismo que observé”. 

El estudio publicado en el boletín Personalidad y psicología social incluía a más de mil participantes en total pero en una encuesta con 538 estudiantes, los investigadores encontraron una relación positiva entre la ira y el conservadurismo económico: la gente que reporta enojarse rápidamente también tendía a tener puntos de vista conservadores, tales como “las leyes de la naturaleza son las responsables de las diferencias en la riqueza de la sociedad” y “si las personas trabajan duro casi siempre obtienen lo que quieren”. 

Tres estudios de seguimiento con participantes de Amazon Mechanical Thurk –plataforma para desarrolladores- confirmaron que inducir sentimientos de ira en las personas los hacía más propensos a apoyar ideales conservadores económicos y a candidatos políticos que representan esos ideales. 

“Muchos factores influyen en el comportamiento electoral y las elecciones incluyendo cómo te sientes el día que votas”, dice Kettle. “Sé que nos gusta creer que la gente vota con base a su sistema de creencias personales y/o por la posición de los candidatos en temas importantes, pero realmente cosas que aparentemente son triviales afectan el comportamiento electoral”. 

Recordemos que el 85% de las elecciones que hacemos diariamente son espontáneas y esto no excluye a las propuestas políticas. Principalmente cuando las emociones negativas son estimuladas en las estrategias de campaña, en especial el miedo y el enojo. Baste recordar el referente por excelencia en el marketing político mexicano: “López Obrador es un peligro para México”. 

 “Cuando las elecciones son decididas por un margen pequeño, incluso algo que parece sin importancia como el estado emocional del electorado, puede alterar el resultado de una elección” sostiene Kettle.

También en dicho estudio se sostiene que la ira promueve la competitividad, la cual a su vez estimula el conservadurismo económico y es más fuerte cuando la gente percibe escases de recursos. “Si piensas en competitividad, todo se trata de ganar algo por encima de alguien más, por lo general, algún tipo de valor o recurso deseado. Al hacer a las personas más competitivas, la gente se enfoca en adquirir recursos” dice el coautor Anthony Salerno. 

Estos investigadores se cuestionan si la ira, como emoción, influye a medida de su intensidad. Si el ánimo de la gente puede cambiar de un día para otro o si el enojo debe estimularse el mismo día para influir en la toma de decisiones. 

Es claro que una campaña se suscribe el objetivo para la que es diseñada. Si la finalidad de ésta es estimular una emoción como la ira, el enojo o la empatía, el electorado queda expuesto a un bombardeo de mensajes constante, incluso el mismo día de la elección. 

En este sentido Kettle reconoció la habilidad de Donald Trump para jugar bien sus cartas y ser elegido, ya que su campaña estaba muy enfocada en provocar la ira al culpar a otros por los problemas de Estados Unidos: los demócratas, los inmigrantes, los musulmanes, etc. Usar estas emociones de forma correcta lo puso donde está ahora.  

Así que no dudemos que más estudios de profundidad nos arrojen mayores pruebas de que nuestras emociones reinan en nuestras elecciones, cotidianas y políticas.

Recuerden El Cuerpo No miente.

Etiquetas: