José Antonio Meade se mantiene en el tercer puesto de la contienda por la silla presidencial.

El pasado lunes el Universal publicó su encuesta en la que los resultados dan una amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador con 42% de las preferencias. Ricardo Anaya cuenta con un 31.1% de respaldo, mientras que Meade cuenta con el 21.9%. Está a 10 puntos del segundo lugar y a 21 puntos (el doble con los que cuenta) del puntero Andrés Manuel.

Un día antes se difundió en Twitter un spot en donde el protagonista principal fue o trató de ser el miedo. La lectura fue, a través de un mensaje claro y directo, que "el Peje” es (siempre ha sido) el enemigo público y Meade el héroe que impedirá que la amenaza lopezobradorista le dé en la torre a logros tan importantes como la reforma educativa.

En el Cuerpo No Miente hemos sostenido que las emociones en las campañas políticas son el principal móvil por el cual la mayoría de los electores terminan eligiendo un candidato sobre otro y la explicación de por qué partidos políticos como el PRI han invertido en tecnologías de reconocimiento facial para adecuar sus campañas al sentir de los ciudadanos con la finalidad de construir mensajes que empaticen con la población para generar una percepción de aprobación, o bien, disminuir el rechazo. Somos seres emocionales antes que racionales.

Las campañas de miedo, que son usadas por todas las ideologías políticas, se utilizan por dos simples razones: para alcanzar o retener el poder y para condicionar o modelar un comportamiento político que favorezca a quien las implemete. El miedo es un sentimiento activador, tenemos que protegernos frente al peligro: ponemos barreras o huimos.

En términos del discurso, para activar a la población con el miedo el contraste es la clave.

Mientras la esposa le relata a su marido sobre los beneficios que se han obtenido por medio de uno de los programas más polémicos de la actual administración (acompañado de una música dulce, inspiradora y una iluminación más cálida), culmina con la frase “tengo miedo” a lo cual el marido responde “tranquila, va a ganar Meade”. Además de las entonaciones que denotan ira y angustia, la narrativa se construye en torno a un propósito común: afectar a los electores, hacerlos dudar, sembrar la desconfianza, inspirar esa sensación de pérdida.En palabras de Patrick Charaudeau, en el spot se manifiestan los efectos emocionales de la puesta en escena del discurso.

El miedo a lo desconocido, a perder el empleo, a la inseguridad, a la crisis económica, a perder lo que se ha conseguido “con esfuerzo” es lo que moldea un comportamiento y en campañas, el factor miedo tiene un objetivo muy claro: restar votos.

Sin embargo, no perdamos de vista el contexto político, social, y económico actual en México. ¿Una campaña de miedo será suficiente para revertir los números y la mala racha del candidato priista? ¿Para minimizar el peso negativo que el partido tiene sobre Meade? ¿Los mexicanos caerán en la misma trapa del 2006? ¿De qué manera las redes podrán reafirmar esta creencia en los internautas que votarán el próximo primero de julio? ¿Iniciativas como Verificando2018 podrán contener este tipo de estrategias electorales basadas en activar la parte irracional de los votantes? ¿El "efecto meme" podrá restarle la solemnidad al miedo? 

Aún no se cumple ni un mes de campaña electoral y se acerca el debate presidencial que nos dirá cómo estarán acoplándose las estrategias conforme salgan librados los candidatos y la “encuestitis” se vuelva un valor de percepción importante para los ciudadanos que buscarán hacer valer su voto en julio.

Recuerden: El Cuerpo No Miente.

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